El MAC Florencio de la Fuente abre al público el próximo jueves 26 de marzo a las 12:00h la muestra Rosario Arizza del Lirismo en Pintura, exposición en colaboración con la Fundación Antonio Pérez, que muestra una parte de los fondos que Arizza donó a la FAP en 2010.

Del lirismo en pintura permite volver sobre la obra de Rosario Arizza desde una perspectiva que confirma la solidez y permanencia de su lenguaje plástico. Nacido en Avola, en la provincia de Siracusa, Arizza desarrolla una pintura que hunde sus raíces en la tradición de la abstracción matérica y gestual europea, pero que encuentra su singularidad en una sensibilidad profundamente vinculada a la luz, a la tierra y a la memoria del ámbito mediterráneo. Su trabajo se construye desde una relación intensa con la materia, entendida no como simple soporte de la imagen, sino como espacio de aparición, sedimentación y energía visual. En sus obras, el color, el gesto y la textura articulan superficies de gran densidad poética, en las que la pintura se afirma como experiencia sensorial y como forma de conocimiento. Lejos de cualquier dependencia imitativa, Arizza se inscribe en una genealogía reconocible de la abstracción lírica y del neoexpresionismo abstracto, aunque siempre desde una formulación propia, de marcada coherencia interna.
Juan Manuel Bonet lo sitúa con precisión en un marco histórico y generacional muy determinado al señalar que “pertenece a la generación italiana equivalente a la que aquí integran, entre otros, Broto, Campano, Gerardo Delgado, Xavier Grau, Diego Moya, Navarro Baldeweg, Manuel Salinas, Santiago Serrano, José María Sicilia, y sólo cito a algunos de aquellos que eligieron los caminos de la abstracción…”. La observación resulta especialmente esclarecedora, pues permite comprender a Arizza no como una figura aislada, sino como parte de una sensibilidad pictórica internacional que, desde finales del siglo XX, reactivó el potencial expresivo de la pintura a través del gesto, la materia y la autonomía del color.
Precisamente, uno de los rasgos más significativos de su obra es la función estructural del color. En Arizza, el color no acompaña ni ilustra: organiza, tensiona, expande y dota de respiración a la superficie pictórica. De este modo, el lirismo al que alude el título de la exposición no debe entenderse como una cualidad ornamental o sentimental, sino como una intensidad específica de la pintura: una capacidad para suscitar emoción, atmósfera y profundidad sin renunciar a la contundencia material del soporte. Su imaginario remite con frecuencia a lo telúrico, a lo orgánico, a lo vegetal o a lo atmosférico, aunque nunca desde una figuración explícita. Todo en su pintura comparece filtrado por el propio proceso pictórico, por una lógica interna en la que la imagen parece surgir y desvanecerse en la superficie. Esa oscilación entre aparición y ocultamiento, entre impulso gestual y contención compositiva, constituye uno de los núcleos de su fuerza plástica.
Esta muestra recupera el proyecto producido en 2010 por la Fundación Antonio Pérez para dos de sus espacios expositivos: el Centro de Arte Contemporáneo de Cuenca y el Museo de Obra Gráfica de San Clemente.


