
Durante esta residencia el MAC Florencio de la Fuente se ha convertido en un espacio de construcción colectiva e intercambio de conocimientos. En el que cada artista ha abordado Huete como un lugar de encuentro, observación y escucha desde el que generar preguntas sobre nuestra manera de habitar, recordar, percibir y relacionarnos con el entorno. A pesar de la diversidad de lenguajes, materiales y metodologías presentes en los proyectos desarrollados, han ido apareciendo de forma natural una serie de intereses compartidos de los que ha surgido un diálogo especialmente fértil.
La atención al paisaje, a la memoria, la observación de los ritmos cotidianos, la relación entre lo individual y lo colectivo, así como la constante preocupación por las transformaciones sociales y culturales de nuestro tiempo, han atravesado el conjunto de las obras realizadas. El tiempo compartido a lo largo de esta experiencia ha convertido al proceso en algo tan importante como el resultado, situando la investigación y la experimentación en el centro de la práctica artística.
La residencia ha sido también un ejercicio de desaceleración. Frente a la velocidad con la que habitualmente consumimos imágenes, información y experiencias, el trabajo que hoy presentamos nos invita a detenernos para dedicar un tiempo a mirar, transitar, conversar y comprender.
Es especialmente valiosa la capacidad de cada proyecto para establecer puentes entre cuestiones locales y preocupaciones universales. Desde distintas aproximaciones, las obras nos hablan de comunidad, de identidad, de cuidado, de vivienda, de naturaleza, patrimonio y memoria. Pero sobre todo, de nuevos modos de construir significado en una realidad profundamente compleja y mediatizada por las imágenes.
Estas obras, nacidas de la experiencia concreta del lugar, se proyectan hacia debates más amplios que atañen a nuestra sociedad y aportan nuevas miradas sobre la actualidad conectando y estableciendo diálogos que esperamos, no terminen aquí.
Los proyectos que aquí se presentan son el resultado visible de ese proceso, pero constituyen también el inicio de nuevas líneas de investigación que continuarán desarrollándose más allá de Huete.
Queda en ellos la huella del territorio, de las conversaciones mantenidas y del tiempo compartido. Y la certeza de que el arte sigue siendo una herramienta privilegiada para observar el mundo con más atención, formularnos preguntas relevantes y abrir espacios de encuentro entre realidades diversas.
Directora de residencias: Vicky Herreros
ARTISTAS RESIDENTES
Laura Vañó (2001, Valencia)
Habitar la mirada, recorrer la línea
Sigo el camino que sube a la montaña desde la Torre del Reloj. En subir un poco,
empiezo a ver el paisaje de la Alcarria conquense, oculta, desde abajo, por los edificios.
Amarillos, marrones, un ambiente seco.
También negro de las cenizas de un fragmento abrasado por el fuego.
Todo parece bastante quieto.
Silencio.
Percibo el movimiento de las espigas empujadas por el viento.
Desgloso con los días esta vista panorámica.
Me acerco cada vez más a las texturas, a las distintas formas orgánicas, al fluir, al camino, al trayecto,
al recorrido de las rocas y la tierra.
Me detengo.
Dibujo.
Una gran pieza construida a lo largo de los días se expande como el paisaje. Mediante las líneas
y la acumulación va surgiendo una mirada que se transforma con el tiempo.
Una llegada apresurada se ha convertido en una estancia pausada en la que la atención,
la observación y el habitar son protagonistas.
Adriana Berges (1992, Madrid)
Las flores del campo
¿Es posible construir un jardín comunitario? Las flores del campo es un proyecto artístico que nace de la idea de archivo, colección y álbum llevado al escenario del jardín. Se trata de una manera de creación conjunta donde intervienen sensibilidades y pinceladas de distintas personas y generaciones. En este proyecto se observa un jardín que ha sido creado por la artista Adriana Berges junto con otras personas, niños y niñas de Huete que han decidido sumarse al proceso creativo.
Alejandro Madrid (1992, Badajoz)
ATLAS DIGITAL: la identidad como archivo y formas de mirar en la vida
Este proyecto se ha realizado en un tiempo donde las imágenes nos rodean, nos atraviesan, nos hablan y nos identifican.
¿Cómo el smartphone ha transformado nuestra forma de recordar?
Las extensas galerías de fotografías de nuestros teléfonos han dejado de ser simples álbumes de fotos para convertirse en interminables colecciones de fragmentos de la vida cotidiana.
A partir de las imágenes conservadas por los habitantes y visitantes de Huete, el proyecto explora lo qué sobrevive dentro de una sociedad marcada por la sobreproducción visual. Nuestras imágenes se convierten en el mapa para leer territorio. Aquí, la tradición y la actualidad conviven, dando lugar a una identidad sesgada por la ausencia, lo sagrado y el ritual.
A través de ritual, lo sagrado se expresa mediante gestos y lugares que organizan la vida comunitaria. Estos encuentros rebosantes de autenticidad, incluso entre Juanistas y Quiterios.
La exposición reúne en un único espacio visual el imaginario digital común. De esta manera, observamos a una comunidad construyendo, de forma simbólica, su memoria colectiva. Este proyecto está tejido por el inconsciente. Invita a mirar en la intimidad compartida para encontrarnos con lo personal.
Lo sagrado nos organiza.
Las imágenes nos unen.
Carmen Escudero (2001, Albacete)
Manual de reparación
Más que reparar arquitecturas, este proyecto propone recomponer los vínculos entre las personas y los lugares,
entre la memoria y el territorio, dando forma a un manual de reparación abierto que se construye con las historias
que el pueblo conserva, comparte y transforma.
Chemi Ros (1985, Murcia)
ETIAM Huete
¿Cómo aprendemos a mirar un lugar? Las imágenes que construyen la identidad de un territorio no son inocentes:
seleccionan, repiten y jerarquizan aquello que merece ser recordado. Mediante la intervención de fotografías de archivo con cinta aislante,
este proyecto altera esos mecanismos de atención.
La cinta blanca desplaza la percepción hacia aquello que permanece en los márgenes y, lejos de ocultar el pasado,
las intervenciones proponen nuevas formas de resignificarlo, poniendo el foco en otras historias, recorridos y símbolos.
Etiam Huete (“También Huete” en latín) invita a ampliar la mirada y reconocer que todo territorio es siempre
más complejo que las imágenes con las que habitualmente es representado.
Diego g. (1978, Barcelona)
El valor de un refugio. Deseos, promesa y realidades habitacionales.
Todxs necesitamos un refugio, un espacio, una cabaña que alguna vez hemos construido de pequeñxs, lugares acogedores, amenos, seguros…
En contraposición se presenta esta estructura que permanece elevada aproximadamente un metro sobre el suelo.
Una arquitectura imposible, que además es visible, reconocible, cercana, pero inaccesible.
Esta construcción no tiene un suelo. Está suspendida. Y tiene un precio inalcanzable. Una cabaña que simboliza un fragmento de la naturaleza y
se trasforma en una mercancía cuantificable. El resultado final es el valor de un refugio, es una instalación participativa e investigación artística
en torno a la vivienda, el refugio y los procesos de mercantilización del territorio. Mi propuesta consiste en la producción de una cabaña
elaborada exclusivamente con ramas y pequeños troncos recogidos del entorno de Huete. Se invita al visitante a continuar la construcción
para finalizar la obra sumando ramas e inevitablemente, aumentando su precio final.
Jesús Sánchez (1999, Toledo)
Girar las cosas o cosas que giran
Esto es el atrezzo de una de esas divertidas mentiras filmadas que nos invitan a cuestionar nuestra realidad.
Un embuste giratorio acerca de cómo el artista puede utilizar el medio, el medio puede utilizarle a usted y usted puede utilizar el arte.
A través de la graciosa acción del giro se compone esta intervención, que busca ofrecerle dicha acción como opción para que pueda girar
las cosas que quiera cuando le quieran hacer creer que no puede usted girar las cosas.


