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«AHORA QUE NADA ESTÁ EN CALMA» JOSÉ LUIS López Moral

portada jllm web

mayo 20 - septiembre 2

| 1€

Qué: exposición «Ahora que nada está en calma»

Quiénes: José Luis López Moral (comisario Mario Guixeras)

Dónde: MAC Florencio De la Fuente de Huete, Cuenca

 

“Ahora que nada está en calma” es un proyecto expositivo del artista José Luis López Moral para el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente de Huete. El artista presenta una preocupación por las implicaciones poéticas, naturales y sociales que atraviesan el paisaje. Su lenguaje integra una serie de elementos que caracteriza la fuerza simbólica de su trabajo: el horizonte, la memoria, lo ausente, la naturaleza… Y que por primera vez vemos abordar desde un estrecho diálogo entre lo pictórico y lo fotográfico en esta exposición.

López Moral no captura la imagen, de algún modo parece querer liberarla. Liberar al espacio de una perspectiva objetiva y unívoca, atender al sentido melancólico que nace de su propia relación personal con el paisaje, presentando nuevas vías de relacionarnos con lo que vemos, precisamente gracias a una forma de mostrar las cosas que en cierto sentido nos desoriente.

El pictorialismo (corriente fotográfica que pretendía alejarse de la representación objetiva de la realidad) como lenguaje ineludible en el trabajo de Moral en esta muestra integra más explícitamente una estética que nos recuerda a los resultados fotográficos de las cámaras de placas, lo que potencia la idea del recuerdo del espacio vivido que se desvanece, y al que nunca es posible regresar por completo, debido a las experiencias que se solapan, a la información que se pierde, a los cambios que sufren tanto el entorno como el individuo.

Joan Vilatobà

Joan Vilatobà

La etimología de “paisaje” está directamente relacionada con la palabra francesa “pays” que designa un país, y en alemán “landschaft” (traducido como “tierra modelada”) que originalmente hacía alusión a territorios en los que era visible el trabajo humano. La relación del paisaje agrario con el arte se remonta precisamente a las primeras manifestaciones de lo que vinimos a denominar “paisaje” en torno al s. XVI en Europa. Y es que, desde entonces se ha tratado como la representación de un lugar que da cuenta de la relación entre el ser humano y lo natural, como podemos revisar en la obra de Giovanni Bellini “San Francisco en éxtasis” de 1480, en la que no asistimos a un retrato del monje en cuestión, sino al de un contexto espacial en el que descubrimos escenas agrícolas y campos de cultivo entre sus demás elementos.

 

 

UN PAISAJE AGRARIO

José Luis López Moral se aleja intencionadamente en esta ocasión del paisaje puramente natural con el que trabaja habitualmente, y se acerca a la tierra arada, a las plantaciones de girasol de la Mancha, a la intervención de la pintura como registro de una emoción personal, que nos acercan irremediablemente a una noción del entorno donde lo humano y lo natural forman parte de lo mismo.

Es preciso señalar que la relación habitual que hacemos aún hoy del “paisaje” como naturaleza inalterada es una noción que recogemos del romanticismo europeo en artistas como Friedrich, Constable, Ruisade… Que representaban su carácter sublime, su inmensidad, como respuesta a la Ilustración. El caso de Turner requiere de un análisis propio, porque con él asistimos a un artista que integra en la pintura de forma explícita elementos propios de la industrialización tales como el barco de vapor o el tren, siendo capaz de expresar esas tensiones entre las fuerzas de lo natural y lo cultural de su época. En Turner descubrimos una de las referencias más claras de José Luis López Moral, cuya obra se desenvuelve entre una preocupación por la observación de su entorno y la necesidad de una expresión emocional que determina su carácter subjetivo.

RUISDAELBosque, óleo sobre tabla, 61 x 61 cm, 1640 - 1645

Ruisade

Y en la subjetividad reside la memoria, como elemento primordial en las fotografías y pinturas de esta exposición. La memoria es un residuo transformado por el tiempo y el deseo, que vuelve a nosotros como la imagen de algo que nos es familiar pero que no somos capaces de reconocer totalmente. La monocromía de las obras que apreciamos en “Ahora que nada está en calma” incrementa esa dificultad por distinguir unos cuerpos de otros, unos planos de otros, generando atmósferas incapaces de trasladarnos al espacio vivido como a un lugar acogedor, y que precisamente nos llevan de la mano a lo sobrecogedor de una ausencia que nos envuelve y desconcierta.

 

FOTOGRAFÍA Y PINTURA: DESCENTRAR LA MIRADA

En esta exposición, la fotografía y la pintura (los dos lenguajes más habituales en su trabajo) se relacionan entre sí generando dípticos que nos ofrecen imágenes performativas: al aproximarlas nos piden deslizar la mirada alternativamente entre una y otra. Este modo de observar descentra la mirada, la hace recorrer diferentes perspectivas al tiempo que invita a descubrir que pertenecen a la misma realidad, en un ejercicio que nos recuerda a los revolucionarios métodos del historiador Aby Wargburg, que defendía el poder cognoscitivo de las imágenes y de las relaciones entre ellas. La memoria del lugar reacciona a través del gesto pictórico. La aparente quietud de las fotografías se trastoca con la acción enérgica de la mancha extendiendo el carácter dramático de las obras hacia una síntesis donde el gesto, la emoción y la oscuridad son protagonistas.

Aquí, la relación entre pintura y fotografía no es jerárquica, sino de complementariedad. La pintura dota de materia a esta oscuridad, primordial en la muestra, y le da vida a partir del modo en que las manchas se deslizan, se estrellan y se lanzan a la conquista del espacio, rasgándose y extendiéndose sobre la superficie del papel.

Las fotografías por su parte nos descubren una sensación de acumulación y de ausencia al mismo tiempo. Los enormes campos de girasol inundan los primeros planos. A veces descubrimos las hileras en que se suceden los largos tallos,   otras se convierten en auténticos enjambres de vegetación y tierra labrada que llenan el lugar. Este paisaje abarrotado en el que fija la mirada López Moral es asombrosamente compatible con la creación de una atmósfera de quietud y silencio propia del artista. El horizonte es una línea que corta las imágenes de lado a lado a lo lejos, dando cuenta de un paisaje desolado que nos incita a imaginar lo que hay más allá de lo que el ojo alcanza a ver. Allí, precisamente sobre la linde que es el horizonte, suelen asomar bajo un cielo brumoso los almendros, encinas o pinos, como únicos testigos aislados de los cortos ciclos de vida del girasol.

José luis López Moral

José luis López Moral

EL DOLOR DEL PAISAJE

Descubrimos también en estas obras que aquellos árboles en ocasiones desfilan unos tras de otros, recordándonos más explícitamente su tradicional uso por los agricultores como hitos que permiten distinguir las propiedades de terrenos colindantes.  El árbol del paisaje agrícola es el árbol de la sombra y el descanso, de la referencia en el espacio y de su permanencia frente a los cultivos que rotan y se suceden incansablemente. Concretamente, el girasol tiene una vida de unos siete meses como planta, y su flor dura apenas cuatro semanas.

El girasol es la flor de la sumisión. Una flor con un ciclo de vida muy corto, que si bien tradicionalmente se asocia con la vitalidad y simpatía que irradia su color, su enormidad con respecto a la mayoría de las flores y su característico instinto de seguir al sol, son muchas las significaciones que de ella derivan y que nos acercan a pensar desde diferentes puntos de vista su identidad y contexto. Ya en la mitología griega la ninfa Clytia se convierte en girasol tras morir de pena al verse rechazada por el dios Apolo, destinada a girar en torno a él para siempre con su nueva forma.

Cuenca es una de las provincias españolas donde más girasol se cultiva. Este año, se prevé que la producción del girasol en España aumente considerablemente, debido a que Ucrania, actualmente en guerra, es el país del que importamos tradicionalmente para alcanzar la producción que necesitamos a fin de dar respuesta a la demanda de aceite, que además se ha encarecido considerablemente como fruto de la especulación por el conflicto.

Los títulos de las obras hacen alusión a la icónica serie de grabados “Los desastres de la guerra” de Goya, que recoge López Moral para incidir en las tensiones y violencias que atenazan nuestra actualidad a muy diferentes niveles. Al recordar aquellas imágenes protagonizadas por tumultos de cuerpos que se amontonan y se retuercen en escorzos indescifrables, atados a maderas o tendidos sobre las ramas de un tronco, etc. es difícil distinguir a las personas como tales. De forma análoga observamos en los girasoles enredados y cabizbajos de López Moral esta imposibilidad de desenmarañar la imagen, aún más oscurecida por las manchas de pintura que potencian lo visceral y lo violento en su obra.

José Luis López Moral

José Luis López Moral

LA DENSIDAD DE LA IMAGEN

En una actualidad abarrotada de imágenes que desbordan nuestro día a día desde el espacio físico y el virtual, dirigidas a informar o alentar el consumo, puede ser difícil valorar la intención y potencial de la imagen que tenemos delante en según qué contexto, algo que sin embargo es clave a la hora de distinguir el tipo de relación que queremos establecer con ella. ¿Por qué es esto importante? Porque la potencia de nuestra observación es valiosa, representa la imprescindible habilidad de habitar las imágenes.

El formato, elección y disposición de las obras en esta exposición sugiere que el público se introduzca en ellas, que forme parte de estos espacios a medio camino entre lo natural, lo cultural y lo personal, descubriéndolas lentamente.

Se trata de obras con una densidad que nos sugiere descubrir su tremenda vitalidad. La atmósfera específica, el momento y lugar al que pertenecen, las formas que adquieren, sus texturas, sus implicaciones históricas y su sensibilidad… Son elementos que nos descubre “Ahora que nada está en calma” como un proyecto abierto a la interpelación personal y social. Una muestra con la voluntad de enunciar una visión holística del mundo, del espacio y el tiempo, a través de una perspectiva que nos ofrezca otras maneras de experimentar el entorno y de reconocernos.

Mario Guixeras

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

ALLEN M., Jaime. De la visión a la realidad, una transición del pictorialismo a la fotografía moderna. (2016) Fundación Mapfre. Madrid.

FERNÁNDEZ-CHRISTLIEB, Federico. El nacimiento del concepto de paisaje y su contraste en dos ámbitos culturales: el viejo y el nuevo mundo. (2014). Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México. [p.58].

FONTCUBERTA, Joan. La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía. (2016) Galaxia Gutenberg. [p.10]. Barcelona.

LAILACH, Michael. Land art. (2007). Taschen. Colonia.

MÉNDEZ, Alberto. Los girasoles ciegos. (2004). Anagrama. Barcelona.

NASÓN PLUBIO, Ovidio. Metamorfosis. (2003) Biblioteca Universal Virtual.

SCHAMA , Simon. El poder del arte. (2003). Crítica. Londres.

SOMERS, Armonía. El hacedor de girasoles. Tríptico en amarillo para un hombre ciego. (1994) Álvaro J. Risso. Argentina.

TARTÁS RUIZ, Cristina / GARCÍA GURIDI, Rafael. Cartografías de la memoria. Aby Wargburg y el Atlas Mnemosyne. (2013) Ed.: EGA, Expresión gráfica Arquitectónica, Universidad Politécnica de Valencia, Valencia.

 

 

 

 

 

Detalles


Comienza:
mayo 20
Finaliza:
septiembre 2
Precio:
1€
Evento Categorías:
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Evento Etiquetas:
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Lugar

MAC Florencio de la Fuente
Plaza de la Merced 1
Huete, Cuenca 16500 España
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