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«EL JUEGO DE LO INESPERADO» Montse Gómez Osuna

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mayo 20 - septiembre 2

| 1€

Qué: exposición «El juego de lo inesperado»

Quiénes: Montse Gómez Osuna (comisaria Nerea Ubieto)

Dónde: en el MAC Florencio de la Fuente de Huete, Cuenca

 

Revelar el sentir de los objetos

  1. -: ¿Por qué en ciertos cuadros suyos aparecen objetos insólitos, como los bolos?

Magritte. – No creo que un bolo sea un objeto insólito. Por el contrario, es algo muy banal, tanto como son un portapluma, una llave o la pata de una mesa. Nunca muestro objetos raros o extravagantes en mis cuadros … son siempre cosas familiares, nada extravagantes. Pero esas cosas familiares están agrupadas y transformadas de manera tal que al verlas pensemos que hay otra cosa que no pertenece al ámbito familiar y que aparece al mismo tiempo que las cosas familiares.

Entre el paisaje surrealista y el bodegón metafísico, la obra de Montse Gómez de Osuna es ante todo pintura que inquieta y atrapa. Conduce hacia las profundidades del cuadro a través de capas que se desdoblan, mezclan y multiplican. Ella misma pierde el rumbo en el proceso, dejándose llevar. Es lo que más le gusta, ser sorprendida por la pintura; aunque para llegar a este punto, antes ha sido guiada en una suerte de dialéctica entre la percepción y la imaginación. La obra se construye durante el trazo. Nada está prefijado, solo hay un difuso boceto mental. El primer paso es cubrir de color toda la superficie con un rodillo. La acción genera oleajes, marcas, texturas, un campo aguado de tonalidades diversas. Una segunda y tercera pasada continúan definiendo el terreno de fondo del que emerge la figura matriz. La pieza Flotación –eje articulador en la muestra– la inició con dos figuras femeninas centradas en el cuadro en posición meditativa; poco a poco, su presencia fue perdiendo importancia, ocultándose entre perfiles ovalados que reflejan objetos ambiguos en su interior.

Es una estrategia recurrente: unas formas se revelan a otras descubriéndose en el hacer. La obra en cuestión es de plena madurez y combina con maestría la línea figurativa con lo atmosférico. Tiene algo de bosque rousseauniano en los colores, la pseudo vegetación y la planitud de la perspectiva. En las figuras del lado derecho, me atrevería incluso a establecer cierto paralelismo estético con la parte inferior de El gran vidrio de Duchamp –la máquina de los solteros– donde un molinillo de chocolate y diversos mecanismos cónicos parecen activar un movimiento rotativo ¿Hacia dónde conduce esta sucesión de capas tan referenciales como innovadoras? Queda de la mano del espectador penetrar en un escenario perceptivo, que trasciende lo dado, e interpretarlo a su manera.

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La exposición abarca dos etapas recientes de la producción de Gómez-Osuna. La primera es la serie de pinturas negras, caracterizadas por estar realizadas con carboncillo. Son las más expresionistas porque plasman el sentir y la visión interior de la artista en un momento de duelo por la pérdida de su progenitora, aunque al realizarlas no era consciente de la carga emocional. El periodo de realización coincide con el encierro pandémico y promueve diferentes localizaciones de su casa como motivo de representación; sin embargo, la elección responde a otros impulsos. Es un mirar hacia sí misma, a lo nuclear, al hogar, a la madre. Uno de los papeles más significativos, La entrada, muestra el acceso a la casa rodeada de plantas con unos barrotes que dificultan el paso y una silueta de media luna coronando la puerta. Podría ser una cabellera sin rostro, pero también una forma abrazadora. Sombras que intimidan y sirven de refugio; referencias veladas a la protección y autoridad de una madre. En la totalidad del proyecto existe un simbolismo no premeditado que matiza la psicología de las escenas. Los elementos se repiten, alguno especialmente enigmático puede ser visto desde prismas diferentes: un foco de luz, una vasija o un platillo volante.

Los objetos individuales son de lo más cotidiano, pero sus agrupaciones –como en el caso de Magritte– los transforman en algo insólito. Gómez-Osuna se acerca a lo próximo con curiosidad para descubrir nuevas significaciones y proponer otro orden posible.

«Mirar lo que uno no miraría, escuchar lo que no oiría, estar atento a lo banal, a lo ordinario, a lo infra-ordinario. Negar la jerarquía ideal que va desde lo crucial hasta lo anecdótico, porque no existe lo anecdótico, sino culturas dominantes que nos exilian de nosotros mismos y de los otros, una pérdida de sentido que no es tan solo una siesta de la conciencia, sino un declive de la existencia».[1]

La intuición es fundamental en su modo de trabajo que recrea imágenes según ejecuta la acción de pintar. En este sentido, tiene mucho que ver la estética merleau-pontiana donde el pintor no es un reproductor de lo visible, sino un inventor de formas: no objetiva las cosas, las interpreta, surge con ellas. El interés por el proceso es mucho mayor al tratamiento de la obra como resultado; en la actividad, la mirada de quien pinta se transforma, actuando como un mediador entre la naturaleza prehumana y lo cultural. Para el filósofo francés «el estilo de cada artista se nutre de la reversibilidad de la visión y encarna la dialéctica de lo singular y lo universal, lo cual significa que el arte no es el simple producto de un genio, sino que descubre y comunica significados intersubjetivos aspirando así a la verdad»[2]. Montse Gómez-Osuna se deja guiar en un baile sentido, más allá de la razón instrumental, que traduce el caos en equilibrio según recibe la información. Como Merleau-Ponty dijo de Paul Cézanne: «quiere pintar la materia en trance de adquirir forma, el orden que nace por medio de una organización espontanea».[3]

Precisamente el género del bodegón, tan frecuentado por Cézanne, ha cobrado protagonismo en la última fase del trabajo de Gómez-Osuna debido, en buena medida, a sus inicios como ceramista. Un comienzo lúdico y exento de pretensiones que ha desembocado en estímulo clave para la creación. En la muestra se puede disfrutar de esta nueva faceta –llena de un color vibrante–que se retroalimenta con la antigua favoreciendo interesantes trasvases de las tres a las dos dimensiones y viceversa. En sus orígenes, la naturaleza muerta aparece como marginalia espacial, anti-pintura, imagen-marco, fuera de obra o parergon[4] y no será hasta el siglo XVII cuando se convierta en genero pictórico independiente e invada el lienzo. Los bodegones de la exposición ostentan la autonomía barroca, sin embargo, poseen algo del carácter paratextual que los vio nacer.

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Al principio, los alimentos y recipientes tenían la función de desdoblar la significación de la obra: aportar desde lo profano –situado en un primer nivel– una lectura simbólica a la escena sagrada en un segundo plano. Se establecía una lógica «esencia/apariencia, verdad/ilusión, realidad/imagen»[5] similar a la que se genera en los conjuntos de vasijas de Gómez-Osuna. En sus superficies se reflejan elementos reales que se entremezclan con los pertenecientes al ámbito del cuadro y favorecen capas de intertextualidad metapictórica.

«El juego de lo inesperado» constituye un magnífico recorrido por la prolífica producción de la artista realizada durante los pasados meses en la que ha dado rienda suelta a su instinto sacando a la luz, no solo su estilo más personal, sino una creatividad desbordante y sin restricciones. En apenas un año se ha desplazado del blanco y negro al color, del papel a la escultura, del paisaje al bodegón, permitiendo que los estilos convivan con organicidad y los objetos expresen su propio sentir.

Nerea Ubieto

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] VIRILIO, Paul. Estética de la desaparición. Ed. Anagrama. Colección Argumentos. Barcelona, 2003. P.40

[2] Carmen

[3] MERLEAU-PONTY, Maurice. La duda de Cezanne.

http://letras uruguay.espaciolatino.com/e/merleau_ponty_maurice/la_duda_de_cezanne.htm

[4] La noción de parergon (para=contra;ergon=obra) es una noción histórica fundada en la retórica antigua que designaba los ornamentos añadidos al discurso. En: [4]I. STOICHITA, Victor. La invención del cuadro. “Arte, artífices y artificios en los orígenes de la pintura europea” .Ed. Del Serbal. Barcelona, 2000. P.32

[5]Ibidem. P.37

Detalles


Comienza:
mayo 20
Finaliza:
septiembre 2
Precio:
1€
Evento Categorías:
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Evento Etiquetas:
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Lugar

MAC Florencio de la Fuente
Plaza de la Merced 1
Huete, Cuenca 16500 España
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